USHUAIA.- El peronismo fueguino intenta recomponer una unidad que considera necesaria para enfrentar los próximos desafíos electorales, pero ese objetivo convive con una dinámica política que mantiene abierta la distancia entre sus principales sectores.
En el centro de esa situación aparece Sebastián Iriarte. El secretario de Gobierno de Ushuaia es uno de los dirigentes que trabaja políticamente junto a Walter Vuoto y participa de la estrategia destinada a recuperar a los sectores que se alejaron del Partido Justicialista. Al mismo tiempo, sostiene desde hace tiempo un ataque sistemático contra Martín Pérez, su administración y distintos funcionarios del Municipio de Río Grande.
Ahí se encuentra la contradicción más evidente. Mientras Iriarte reclama unidad, sus intervenciones públicas continúan profundizando el enfrentamiento con uno de los dirigentes que el propio justicialismo pretende volver a incorporar a una construcción común.
No se trata de una diferencia ocasional ni de un único cruce entre funcionarios. La confrontación se expresa de manera reiterada en declaraciones públicas, publicaciones en redes sociales y cuestionamientos sobre decisiones adoptadas por la administración riograndense.
La situación adquiere mayor peso político por el lugar que ocupa Iriarte dentro del esquema de Vuoto. No se trata de un dirigente ajeno a la conducción del espacio, sino de un funcionario central de la Municipalidad de Ushuaia y uno de los hombres que intervienen activamente en la construcción política del sector que conduce el PJ fueguino.
El pedido de unidad y el ataque permanente
La necesidad de reunir al peronismo volvió a ganar fuerza después de las últimas elecciones legislativas. La fragmentación de los sectores que compitieron por separado terminó favoreciendo a La Libertad Avanza, mientras los distintos espacios justicialistas y aliados quedaron obligados a revisar una estrategia que no logró traducirse en una mayor representación parlamentaria.
Desde entonces, dirigentes como Andrea Freites volvieron a plantear la necesidad de recuperar la unidad y evitar que el peronismo concurra nuevamente dividido a una elección.
El planteo tiene además un destinatario evidente que es Martín Pérez. Ante esta adversidad, el intendente de la ciudad de Río Grande construyó, en los últimos años, una estructura política propia, Provincia Grande, después de romper con el PJ conducido por Vuoto. Su incorporación a una futura alianza resulta, por lo tanto, una de las piezas centrales de cualquier intento de reunificación. Pero mientras se busca ese acercamiento, Iriarte continúa colocando a Pérez como destinatario de sus cuestionamientos.
La contradicción no necesita demasiadas explicaciones. El mismo dirigente que reclama sumar a todos los sectores mantiene una práctica política que genera precisamente el efecto contrario.
Una disputa que también alcanza a Río Grande
Las intervenciones de Iriarte tampoco quedan restringidas a la figura de Pérez. Sus cuestionamientos alcanzan a la administración municipal, a sus funcionarios y a decisiones adoptadas desde el Ejecutivo riograndense.
El episodio relacionado con los fondos transferidos accidentalmente por Mirgor al Municipio de Río Grande volvió a mostrar esa dinámica. Iriarte utilizó sus redes sociales para cuestionar la operación y poner bajo discusión la administración de esos recursos.
Desde Río Grande, Gastón Díaz respondió señalando el carácter provocador de esas intervenciones y marcando la distancia entre el discurso de unidad y el comportamiento público del funcionario de Ushuaia.
La confrontación tuvo además una expresión institucional cuando la Municipalidad de Ushuaia publicó en sus redes oficiales una comparación entre los salarios de sus trabajadores y los correspondientes al Municipio de Río Grande.
La decisión resultó particularmente llamativa porque trasladó la disputa a los canales oficiales de una administración municipal. Río Grande respondió cuestionando la metodología utilizada para realizar la comparación y rechazando la interpretación sobre los salarios.
Así, el ataque que Iriarte sostiene desde su espacio político encontró también una expresión en la comunicación institucional de Ushuaia.
Una contradicción que condiciona la reunificación
La historia de la ruptura entre Vuoto y Pérez explica buena parte de la dificultad actual. Ambos llegaron a las intendencias formando parte del mismo espacio, pero las diferencias por la conducción política del peronismo terminaron provocando el alejamiento de Pérez y la construcción de una estructura propia. Esa fractura nunca fue completamente superada.
Ahora, el escenario electoral vuelve a obligar al PJ a intentar reconstruir aquello que se quebró. Pero el pedido de unidad necesita convivir con una condición básica para que pueda prosperar, que es abandonar la lógica de confrontación que mantuvo separados a los distintos sectores. En ese punto, la figura de Iriarte concentra una contradicción particularmente visible.
El funcionario reclama la unidad del peronismo mientras mantiene un ataque sistemático contra Pérez. Habla de la necesidad de reunir al espacio mientras cuestiona al dirigente que representa a uno de los sectores que deberían integrarlo. Plantea la construcción de un frente común mientras sus intervenciones públicas vuelven a alimentar la disputa entre Ushuaia y Río Grande.
Y la contradicción adquiere mayor dimensión porque Iriarte desarrolla esa actividad desde el núcleo político de Vuoto, presidente del PJ fueguino y principal referente del sector que impulsa la reunificación.
No hace falta atribuir una instrucción directa para advertir el efecto político. El pedido de unidad y el ataque sistemático conviven dentro del mismo espacio de conducción.
Ese es el problema que enfrenta actualmente el justicialismo fueguino. La necesidad electoral de volver a reunirse parece estar asumida por buena parte de sus dirigentes, pero la práctica política todavía conserva mecanismos de confrontación que profundizan las mismas diferencias que se pretende superar.
Mientras Iriarte continúe reclamando unidad y, al mismo tiempo, sosteniendo una ofensiva pública contra Martín Pérez y el Municipio de Río Grande, la contradicción seguirá expuesta en el centro de la estrategia del sector de Vuoto.
Porque para reconstruir la unidad que el propio PJ considera necesaria no alcanza con convocar a los sectores que se fueron. También resulta necesario dejar de confrontar sistemáticamente con ellos.
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