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UTN: Proyecto para evitar el desguace del submarino San Luis

La nave que mantuvo a raya a la flota británica en 1982 se encuentra en el Astillero Storni a la espera de un destino incierto. Desde Tierra del Fuego, una ingeniera y veteranos impulsan la campaña para declararlo Patrimonio Cultural y convertirlo en un museo interactivo.

RIO GRANDE.- La Facultad Regional Tierra del Fuego de la Universidad Tecnológica Nacional (FRTDF-UTN) adhirió a una convocatoria de gran calado nacional para la puesta en valor del ARA S-32 San Luís. La relevancia de este navío radica en ser el único submarino de la Armada Argentina que combatió a la flota británica durante el conflicto de 1982 y que, tras cumplir su misión, logró regresar a puerto.

La seccional fueguina de la UTN, en colaboración con ingenieros, submarinistas y ciudadanos, busca que la embarcación sea declarada Patrimonio Cultural de la Nación y refuncionalizada como un espacio de memoria y soberanía con formato interactivo. Pese a su pequeño porte, el San Luís atesora una historia de proporciones “gigantescas”.

Este submarino de origen alemán (modelo IKL 209), cuyo ensamblaje se llevó a cabo en el Astillero Domecq García, mantuvo en vilo a la totalidad de la fuerza naval británica durante la Guerra de Malvinas.

La nave navegó en sigilo, hostigó y consiguió sortear el conflicto sin ser detectada. Hoy, a 43 años de su gesta, su estructura se halla en el Astillero Almirante Storni, en la Ciudad de Buenos Aires, pendiente de una resolución que definirá su suerte: el desguace definitivo o su “resurrección” como un símbolo palpable de la ingeniería, la memoria colectiva y la unidad nacional.

Desde el extremo sur del país, un equipo de profesionales liderado por la ingeniera Alejandra Portatadino, en articulación con Radio Universidad 93.5 MHz (UTN Río Grande) y la revista especializada El Snorkel, lanzaron un fuerte llamado a toda la Nación. La propuesta apunta a conjugar voluntades para revalorizar al San Luís, creando sobre su estructura un espacio de memoria viva que ofrezca al pueblo argentino la posibilidad de “tocar” su propia historia.

La frase que motoriza la iniciativa —“Queremos acariciarle la pancita al San Luís”— se inspira en una potente imagen: en 1982, el submarino se posó “de panza” en el fondo marino cercano a las Islas Malvinas, dejando una “huella digital” en territorio argentino. Portatadino explicó que “cada vez que acariciamos su panza, tocamos simbólicamente el suelo malvinense. Buscamos que niños, jóvenes y adultos puedan entrar, recorrerlo, escucharlo respirar, y sientan el corazón metálico de aquel guerrero silencioso que defendió nuestra soberanía”.

El San Luís trasciende la categoría de mero instrumento bélico. Fue una proeza de ingeniería y una muestra de extraordinario coraje humano. Su tripulación, comandada por Fernando Azcueta, enfrentó durante semanas el acoso constante de una flota británica provista de los sistemas antisubmarinos más avanzados a nivel mundial.

Pese a la sofisticación tecnológica del enemigo, la Royal Navy nunca pudo detectarlo ni hundirlo. Su desempeño fue reconocido incluso por oficiales británicos, consolidando el mito naval del navío conocido como “el pequeño gran guerrero”. Sin embargo, tras su regreso triunfal, el San Luís debió lidiar con un enemigo distinto: la indiferencia institucional.

Décadas de políticas inconsistentes para la industria naval y la defensa lo dejaron en un peligroso limbo. Actualmente, en el Astillero Storni, su estructura de acero se mantiene gracias a la dedicación de trabajadores y directivos que activamente impidieron su desguace. Portatadino lanzó una advertencia cruda al señalar que “sería trágico que un símbolo de heroísmo acabe convertido en una panchería”. Y subrayó la necesidad de que “mientras otros países convierten sus buques en museos, nosotros debemos transformar el San Luís en un centro de memoria activa, una lección viva de soberanía”.

La hoja de ruta planteada propone su declaración como Patrimonio Cultural de la Nación y su subsiguiente conversión en un museo interactivo. El plan, con el aval de ingenieros, submarinistas y técnicos de TANDANOR, prevé una fase inicial de limpieza, alistamiento y reacondicionamiento del casco en su ubicación actual.

Posteriormente, se consideraría su traslado a Puerto Madero, integrándolo al circuito cultural junto a la Corbeta Uruguay y la Fragata Sarmiento. La ingeniera Portatadino detalló que “El público podrá ingresar y recorrerlo con proyecciones, sonidos y testimonios que recrearán la vida a bordo. La idea es que cada visitante sienta el pulso de nuestra historia naval”.

La iniciativa convoca a la Armada Argentina, al Centro Argentino de Ingenieros, al Consejo Profesional de Ingenieros Navales, a las Facultades de Ingeniería Naval de la UTN, la UBA y el ITBA, y a los gobiernos local y nacional, buscando la unidad de fuerzas civiles, académicas, empresariales y militares. La UTN argumenta que es el “lugar natural” para esta gesta, al formar “ingenieros con conciencia soberana”, calificándolo como un “acto de amor a la Patria”.

El esquema de financiamiento se concibe bajo un formato de red colaborativa, involucrando a instituciones, empresas y a la ciudadanía. Se planea recompensar a cada aportante con una pieza simbólica del navío, “un tornillo de su historia”, junto a un reconocimiento oficial de la Armada y el arma submarina. Portatadino concluyó con un mensaje de esperanza. “Cuando los argentinos nos unimos detrás de una causa justa, no hay obstáculo que no podamos superar”.

El San Luís puede volver a ser orgullo nacional. Solo necesita que lo acariciemos entre todos”. El proyecto finaliza advirtiendo que, si bien el San Luís fue una obra de ingeniería nacional, su olvido refleja el profundo deterioro de la Armada (que “navega cada vez menos y produce cada vez menos”).

Su rescate, por lo tanto, marcaría un punto de inflexión. El documento concluye que “Un país sin memoria es un país sin futuro. Recuperar al San Luís es también recuperar la autoestima industrial, la vocación soberana y el respeto por quienes dieron todo por la celeste y blanca”.