USHUAIA.- La incorporación de un helicóptero Bell 427 por parte del Gobierno de Tierra del Fuego fue anunciada como una inversión destinada a fortalecer la respuesta provincial ante incendios forestales, evacuaciones sanitarias y rescates en zonas de difícil acceso. Para concretar la operación, la Provincia desembolsó alrededor de 2,45 millones de dólares.
Sin embargo, con el paso de los meses comenzaron a surgir cuestionamientos vinculados tanto a la aeronave seleccionada como al esquema operativo adoptado para su funcionamiento.
El Bell 427 es un modelo que dejó de fabricarse hace más de una década. La propia empresa Bell produjo apenas 84 unidades antes de discontinuarlo y reemplazarlo por el Bell 429. Esa particularidad implica una disponibilidad limitada de repuestos, menor cantidad de talleres especializados y un reducido número de pilotos certificados para operarlo.
La escasez de personal habilitado llevó a que la Provincia recurriera a pilotos de la Policía de Entre Ríos, una de las pocas fuerzas del país que cuenta con experiencia en este modelo de aeronave. La institución había capacitado a varios de sus oficiales en Estados Unidos para operar específicamente el Bell 427.
No obstante, el debate comenzó a centrarse en otro aspecto: la diferencia entre volar la aeronave y operar en escenarios complejos de montaña como los que presenta Tierra del Fuego.
El rescate que generó interrogantes
Las dudas se profundizaron a partir de la difusión de imágenes y videos correspondientes al operativo realizado el 6 de diciembre de 2025 en la zona del Ojo del Albino.
Ese día, un turista sufrió un infarto mientras realizaba una excursión y fue necesario desplegar medios aéreos para intentar evacuarlo.
Según muestran los registros que comenzaron a circular recientemente, el Bell 427 provincial permaneció durante más de una hora realizando maniobras de aproximación sin lograr concretar el rescate.
Las condiciones meteorológicas y geográficas eran exigentes: nieve, pendientes pronunciadas, superficies irregulares y ráfagas de viento variables.
Testigos del operativo señalaron que durante algunas de las aproximaciones el rotor de cola habría pasado muy cerca del terreno, dejando marcas visibles sobre la nieve y sectores rocosos.
Finalmente, la aeronave provincial abandonó la operación sin poder concretar la evacuación.
Posteriormente fue convocada la empresa privada HeliUshuaia, que logró arribar al lugar, aterrizar y trasladar al paciente hasta el Hospital Regional Ushuaia. Horas después, el hombre falleció.
Experiencia local sin utilizar
Uno de los puntos que alimentó la controversia es la existencia en Ushuaia de un piloto habilitado para operar el Bell 427 y con experiencia específica en vuelos y rescates de montaña.
Según trascendió, ese profesional nunca fue incorporado al esquema operativo implementado por el Gobierno provincial para la utilización de la aeronave.
La situación abrió interrogantes sobre los criterios utilizados para conformar el plantel de pilotos y sobre la decisión de depender exclusivamente de personal proveniente de otra provincia para intervenir en escenarios que requieren conocimientos específicos de la geografía fueguina.
Un debate más amplio
La discusión también alcanza al modelo elegido para fortalecer la capacidad aérea de la provincia.
Mientras el Estado avanzó en la adquisición de una aeronave propia y en la construcción de una estructura operativa específica, en Ushuaia ya funcionaba una empresa privada con más de dos décadas de experiencia en vuelos de montaña, rescates y operaciones en sectores de difícil acceso.
La comparación entre ambos sistemas volvió a cobrar fuerza tras el operativo del Ojo del Albino, donde el helicóptero provincial no logró concretar la evacuación y la intervención terminó siendo realizada por un operador privado.
Actualmente, además, el Bell 427 no se encontraría operativo debido a cuestiones técnicas que no fueron detalladas oficialmente.
Frente a este escenario, persisten interrogantes sobre la elección de una aeronave discontinuada, la disponibilidad futura de repuestos, la conformación del equipo de pilotos y la eficacia del esquema adoptado para atender emergencias en una provincia donde las operaciones aéreas suelen desarrollarse en condiciones extremas.
La inversión realizada por el Estado fueguino y el desempeño del sistema durante una de sus intervenciones más complejas continúan generando preguntas que, hasta el momento, no han recibido una explicación pública por parte de las autoridades provinciales.
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