RIO GRANDE.- “La experiencia de Argentina ante el flagelo de los perros asilvestrados en Tierra del Fuego, una historia de respuestas insuficientes y desafíos pendientes” fue el título de la exposición que Lucila Apolinaire brindó este jueves 20 de agosto a las 15:15, en el marco de las XXIX Jornadas Ganaderas organizadas por la Asociación de Ganaderos de Magallanes, ASOGAMA, en Punta Arenas, Chile.
La presidente de la Sociedad Rural de Tierra del Fuego presentó ante productores y referentes de la actividad ganadera de la región un recorrido por las últimas décadas de una problemática que comenzó afectando principalmente a los ovinos y que actualmente también alcanza al ganado bovino, además de generar consecuencias sobre la fauna y la salud pública.
En declaraciones realizadas durante su participación en las jornadas, Apolinaire sostuvo que la situación en el sector argentino de la isla se encuentra “totalmente descontrolada” y estimó que actualmente podría haber entre 20 mil y 30 mil perros.
“Los cachorros, cuando las perras paren, tienen 8, 10 cachorros, muchos de ellos sobreviven, entonces la verdad es que es totalmente descontrolado”, afirmó.
El dato se vincula con los registros incluidos en su presentación, según los cuales las visitas a cámaras trampa utilizadas para el seguimiento de estos animales crecen a una tasa del 3,8 por ciento mensual, equivalente a un 45,6 por ciento anual.

Una transformación que comenzó con los ovinos
Apolinaire vinculó la expansión de los perros asilvestrados con una transformación profunda de la actividad ganadera fueguina. De acuerdo con los datos expuestos, las existencias ovinas pasaron de 1.340.000 animales en 1908 a 317.278 en 2025.
La dirigente rural además aportó una mirada personal sobre ese proceso. Recordó que durante su infancia el problema todavía era incipiente y que pudo observar cómo la situación fue creciendo hasta obligar a su padre a abandonar la producción ovina y reconvertirse al bovino.
Según explicó, alrededor del 70 por ciento de los establecimientos rurales que anteriormente producían ovejas ya no pueden sostener esa actividad. “Todo el mundo viene a esta zona del mundo a comer cordero y a ver la oveja y la lana y los productos de lana, y eso hoy nosotros ya no lo tenemos para mostrar del lado argentino”, lamentó.
La reconversión hacia el ganado bovino tampoco significó una solución sencilla. En su exposición calificó ese proceso como “toda otra complejidad”, debido a las nuevas necesidades de infraestructura, manejo y formación que implica trabajar con vacunos.
De las ovejas a las vacas
Uno de los aspectos que mayor preocupación genera entre los productores es que los ataques ya no se concentran exclusivamente en los ovinos.
Apolinaire señaló que desde 2022 comenzaron a registrarse ataques sobre bovinos. “Teníamos la oveja, la oveja era más chica, más débil, pero es igual. Ahora hay ataques a bovinos”, advirtió.
La presentación realizada en Punta Arenas también incorporó registros de 146 ovinos muertos en la Escuela Agrotécnica Salesiana y señaló que los ataques a vacunos se están intensificando.
El problema tampoco se limita a los establecimientos ganaderos. La exposición incorporó sus efectos sobre la fauna, la biodiversidad y las personas, además de las enfermedades zoonóticas.

Miles de perros sin supervisión
Apolinaire planteó que una parte del problema se origina en el crecimiento de las poblaciones caninas urbanas y la falta de control sobre los animales que terminan desplazándose hacia las áreas rurales.
Los datos presentados estiman 14.361 perros no supervisados en Río Grande, 8.484 en Ushuaia y 2.888 en Tolhuin. Las densidades calculadas alcanzan 29,5 perros por kilómetro cuadrado en Río Grande, 24,5 en Ushuaia y hasta 54 en Tolhuin.
En la entrevista concedida a La Prensa Austral, Apolinaire también cuestionó el abandono de perros de raza que posteriormente se adaptan a la vida libre. “Eso, criados libremente, con el libre arbitrio y pudiendo hacer lo que quieren, la verdad es que hacen estragos y se van adaptando ellos, van adaptándose a las distintas condiciones del terreno”, sostuvo.
Un problema que cruzó la frontera
La exposición también abordó la dimensión binacional de la problemática. Apolinaire planteó que los perros que actualmente afectan sectores cercanos a Porvenir podrían formar parte de la misma corriente de animales originada en el territorio argentino.
“Los perros no hacen migraciones, no tienen que pasar por un control, pasan por los alambrados”, explicó para describir la facilidad con la que pueden desplazarse entre ambos países.
En Argentina, la normativa permite desde 2008 la caza de perros asilvestrados en áreas rurales. Sin embargo, Apolinaire señaló que el control resulta complejo debido a que los animales se refugian en zonas boscosas. Según indicó, desde hace siete meses se trabaja junto con los municipios a partir de los conteos realizados en las tres ciudades y se proyecta incorporar técnicas de captura utilizadas en otros países.
La dirigente remarcó además que cualquier estrategia debe contemplar criterios de protección animal. “Todo tiene que estar dentro de los estándares de bienestar animal”, precisó.

Una problemática que lleva décadas
La exposición repasó las distintas respuestas institucionales aplicadas en Tierra del Fuego. En 2008 se realizó una primera encuesta sobre la problemática en el sector rural y en 2009 la Resolución N.º 487 declaró a los cánidos asilvestrados como especie dañina y perjudicial. Posteriormente se implementó un programa de reducción del daño que contemplaba barreras de exclusión, trampeo y un sistema de denuncias.
En 2012 se declaró la Emergencia Agroganadera y en 2017 se sancionó la Ley N.º 1146 de Manejo de Poblaciones de Perros, acompañada por el Decreto N.º 1780.
A pesar de ese recorrido, la presentación de Apolinaire concluyó que el problema continúa vigente. El material señala que en 2026 la provincia permanece en situación de emergencia y plantea la necesidad de fortalecer el trabajo conjunto entre organismos científicos, instituciones académicas, Gobierno provincial y municipios.
La exposición realizada en Punta Arenas permitió así trasladar al ámbito ganadero regional la dimensión de una problemática que ya no puede ser considerada exclusivamente rural. Para Apolinaire, el crecimiento de la población canina y la expansión de los ataques representan una amenaza para la continuidad de la producción tradicional de Tierra del Fuego y un desafío que requiere respuestas sostenidas.
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