USHUAIA.- En el Fin del Mundo, más precisamente en las aguas del Canal Beagle, hay un tiburón que está pasando desapercibido pero que es fundamental para el ecosistema marino: la pintarroja (Schroederichthys chilensis). Este pequeño escualo, conocido también como “gato” por su cuerpo flexible y moteado, puede medir hasta 85 centímetros y no representa peligro alguno para las personas.
Este tiburón tiene hábitos bentónicos (vive en el fondo marino) y nocturnos, y se alimenta de crustáceos, peces, pulpos y medusas. Según el investigador Matías Delpiani, del CADIC-CONICET, la pintarroja vive entre bosques de algas y cuevas, donde cumple un rol crucial: funciona como un nexo que conecta los niveles tróficos al ser presa de depredadores mayores. Delpiani explicó que esta especie “no es un gran migrador” y pasa gran parte de su vida “en grietas del fondo marino, moviéndose como una serpiente”.
El hallazgo de la pintarroja y de otras especies como cazones espinosos, cazón vitamínico y hasta tiburones martillo, desmiente la creencia popular de que en el sur no hay tiburones. Esto revela que la diversidad marina en Tierra del Fuego es más grosa de lo que se creía, con especies residentes y migradoras interactuando en los ecosistemas costeros australes. La pintarroja prefiere aguas frías, entre 8 y 9 °C, y se camufla a la perfección con su cuerpo salpicado de manchas bordó y marrones.
Vulnerabilidad ante la pesca y el cambio climático
A pesar de que la pintarroja es una especie de “preocupación menor” según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), los estudios recientes muestran una disminución de su biomasa en las últimas décadas. Su ciclo reproductivo es frágil: cada hembra pone solo uno o dos huevos por temporada, los cuales adhiere a algas o esponjas. Esto la hace altamente vulnerable ante la pesca incidental con redes de arrastre y la sobreexplotación de algas costeras, además de los impactos del cambio climático.
El Canal Beagle, donde habita, es un corredor biológico de altísimo valor que conecta los océanos Pacífico y Atlántico, albergando una biodiversidad única que incluye pingüinos, lobos marinos, centollas y los valiosos bosques de macroalgas.
Delpiani aprovechó para pegarle un palito a la mala fama de estos animales, que tienen “mala prensa por el cine y el marketing”. Recordó que los tiburones cumplen funciones ecológicas vitales y que no buscan atacar a humanos, sino que “consumen lo que necesitan, no son depredadores de humanos”.
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