USHUAIA.- El Gobierno Nacional de Javier Milei definió el último fin de semana extralargo del calendario 2025. Se trata de cuatro días consecutivos de descanso que se extenderán desde el viernes 21 hasta el lunes 24 de noviembre. La medida está estratégicamente diseñada para darle un espaldarazo a la actividad turística en el tramo final del año, justo antes de que se inicie de forma oficial la temporada de verano.
Este período de asueto combina la implementación de un día no laborable con fines turísticos con la conmemoración trasladada del Día de la Soberanía Nacional, que originalmente cae en jueves.
La ingeniería detrás de los cuatro días libres
La configuración de este fin de semana largo se apoya en dos normativas que generan el puente. Por un lado, se utiliza el viernes 21 de noviembre como Día No Laborable con Fines Turísticos. Se trata de una potestad que el Poder Ejecutivo ejerce mediante decreto para crear estos “feriados puente”. Este será el último de los tres días de este tipo que el gobierno puede establecer en el año, luego de haber utilizado los restantes en mayo y agosto de 2025.
El eje central del descanso lo constituye el Día de la Soberanía Nacional. Esta fecha se conmemora originalmente el jueves 20 de noviembre, en recuerdo de la Batalla de la Vuelta de Obligado de 1845. Este enfrentamiento es una gesta histórica en defensa de la soberanía nacional sobre las vías navegables y el territorio argentino.
Para asegurar el impacto económico en el sector turístico, el feriado fue movido al lunes 24 de noviembre. Esto se logró aplicando la Ley 27.399 (Ley de Feriados), que permite trasladar a lunes los feriados nacionales que caigan en días de semana, garantizando así un período de descanso prolongado.
La distinción laboral entre el viernes y el lunes
El fin de semana extralargo presenta una distinción fundamental en el ámbito laboral que impacta tanto en la asistencia obligatoria a los puestos de trabajo como en la liquidación de salarios.
El viernes 21 de noviembre, al ser un día no laborable opcional, no implica una obligación de descanso para el sector privado. La decisión de conceder asueto o de requerir la presencia de los trabajadores queda a criterio de cada empleador. En caso de que se preste servicio, la Ley de Contrato de Trabajo establece que el empleado percibirá su salario habitual sin ningún tipo de recargo adicional. Esta es una diferencia fundamental respecto de un feriado nacional obligatorio.
Por el contrario, el lunes 24 de noviembre es un feriado nacional obligatorio para todos los trabajadores, tanto del ámbito público como del privado. Aquellos que deban prestar servicios en esta jornada tendrán derecho a percibir el doble de una jornada habitual, tal como lo estipula la legislación laboral vigente para los días feriados inamovibles o trasladables.
La agenda antes de la gran celebración
Antes de la celebración nacional, algunas localidades del país se adelantarán al descanso con asuetos locales. El viernes 7 de noviembre fue decretado como no laborable en municipios como Tapalqué, en la Provincia de Buenos Aires, y en Villa Regina, Río Negro. Estos asuetos se dan en el marco de sus respectivos aniversarios fundacionales y fiestas patronales. Si bien su alcance es local —afectando al sector público y siendo opcional para el privado—, buscan celebrar y recordar fechas centrales de su identidad, incluyendo ceremonias, eventos culturales y propuestas gastronómicas conmemorativas.
El Gobierno Nacional confía en que la extensión de cuatro días en noviembre se consolidará como un cierre exitoso para la promoción del turismo de cercanía y para dinamizar las economías regionales antes del recambio de año.
La historia detrás del feriado: La Batalla de la Vuelta de Obligado
El feriado nacional que se traslada al lunes 24 de noviembre conmemora el Día de la Soberanía Nacional, en recuerdo del combate de la Vuelta de Obligado, ocurrido el 20 de noviembre de 1845.
Este enfrentamiento histórico tuvo lugar en un recodo del río Paraná, cerca de la actual localidad bonaerense de Obligado. Fue un hito en la defensa de la soberanía. La flota de la Confederación Argentina, bajo el mando del general Lucio N. Mansilla y el gobierno de Juan Manuel de Rosas, se enfrentó a una poderosa escuadra anglo-francesa.
Las potencias europeas buscaban imponer el libre comercio y la libre navegación de los ríos interiores sin la debida autorización de las autoridades argentinas. Para detener el avance, las fuerzas criollas instalaron gruesas cadenas a lo largo del río, apoyadas por baterías en la costa.
Aunque las fuerzas argentinas sufrieron una derrota militar debido a la superioridad técnica del invasor, el alto costo humano y material impuesto a la flota extranjera fue suficiente para demostrar la firme voluntad de la Argentina de defender su soberanía y su derecho a regular el tránsito por sus vías navegables. Este suceso obligó a las potencias a negociar la retirada y, con el tiempo, a reconocer la soberanía argentina sobre sus ríos. Por ello, la fecha se consolidó como un símbolo de la independencia económica y política del país frente a las potencias mundiales.
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