RIO GRANDE.- Tras inaugurar este viernes la Plazoleta del Muelle, el gobernador Gustavo Melella utilizó su tiempo ante la prensa para lanzar un duro juicio moral sobre la clase dirigente que no se pliega a su visión. Advirtió que “en estos momentos aparecen las mezquindades” y sostuvo que la dirigencia que no logra unirse para “sobrevivir” será juzgada duramente.
Este llamado a la “solidaridad” opera, en la práctica, como una advertencia a la oposición de que no hay espacio para posturas críticas o divergentes que puedan obstaculizar su plan de emergencia.
En este contexto, llamativamente el Gobernador afirmó que existe buena coordinación interna entre la administración provincial y municipal, la tónica de su mensaje se centró en buscar responsables fuera de su órbita.
Negación de responsabilidad local
Melella eludió por completo cualquier atisbo de responsabilidad provincial sobre la caída económica, señalando al gobierno del presidente Javier Milei como el único generador del colapso. Calificó la debacle como una “decisión política del gobierno nacional” que prioriza la macroeconomía y desprecia la microeconomía.
En su diagnóstico, el Gobernador asignó la carga de la culpa de forma explícita: “los responsables” de que la industria textil cierre, de que se desplome la producción tecnológica y de que caiga el turismo son los funcionarios nacionales.
Melella pintó un panorama devastador, indicando que si la situación de la industria no se revierte, la provincia perderá cinco mil fuentes laborales. Insistió en que este problema no obedece a factores locales, sino que es un efecto directo de medidas externas, buscando así desactivar cualquier crítica sobre la gestión económica fueguina.
Disenso ambientalista: Un obstáculo “financiado”
Otro flanco de ataque del Gobernador fue contra quienes se oponen a proyectos como la ley de acuicultura. Melella destacó la necesidad de generar trabajo y mantener la producción, pero inmediatamente dirigió sus críticas a “ciertos ambientalistas” que, según él, utilizan “spots simpáticos o lemas lindos” para oponerse a la salmonicultura sin conocer la propuesta.
La crítica no se detuvo en el ámbito local. Melella introdujo el elemento de la culpa externa al declarar que, si bien no se refería a los activistas locales, existe un financiamiento foráneo que busca activamente bloquear las inversiones. Con esto, el gobernador utiliza la narrativa de la injerencia extranjera para descalificar la voz de los ambientalistas, posicionando a los disidentes como agentes de intereses que buscan el fracaso productivo de la provincia.
Consultado sobre la relación con los opositores, Melella mantuvo que el gobierno no inquiere sobre la afiliación política y que los espacios se encuentran abiertos. Sin embargo, este llamado al pluralismo quedó debilitado por su exigencia previa de una “unidad” sin fisuras y su rotunda condena a la “mezquindad” de quienes no comulgan con su línea.
Finalmente, el gobernador ratificó su llamado a la unidad de esfuerzos, insistiendo en que el fracaso es la única alternativa si no se logra la adhesión incondicional para avanzar.
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