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Miércoles 04 de febrero de 2026

El rompehielos Irízar instala un sensor para la red global de clima oceánico

Desde el extremo sur del país, la Armada Nacional llevó adelante una operación de alta complejidad para incorporar un equipo de última generación al monitoreo internacional del Atlántico Sur y el Océano Antártico.

USHUAIA.- Se confirmó que el romiehielos polar ARA “Almirante Irízar” finalizó con éxito el despliegue de una boya perfiladora en el Pasaje de Drake. Este artefacto de tecnología avanzada fue diseñado para la recolección sistemática de datos hidrográficos en las frías aguas adyacentes al continente antártico.

La operación contó con la intervención de personal de la Armada Argentina. A bordo del buque, técnicos especializados en oceanografía, meteorología, hidrografía y balizamiento llevaron a cabo el lanzamiento. Este sensor es el primero de un total de seis dispositivos enviados por el Woods Hole Oceanographic Institution, una reconocida entidad de investigación con sede en Estados Unidos.

La misión se desarrolla en el marco del Programa Internacional ARGO. Dicha iniciativa opera miles de boyas robóticas para monitorear los océanos. Su propósito es obtener mediciones de temperatura y salinidad en tiempo real, datos considerados esenciales para la confección de modelos oceánicos, el entendimiento del clima global y la predicción de fenómenos meteorológicos como El Niño.

A lo largo de la travesía y momentos antes de que el dispositivo entrara al agua, el equipo técnico se concentró en las tareas de calibración y activación. También se realizó la validación del enlace satelital del sensor, lo que permitió confirmar su funcionamiento adecuado y la capacidad de emisión de la información recopilada.

La Cabo Primero Nadia Florencia Saluk, integrante del Servicio de Hidrografía Naval, brindó detalles del proceso de activación. La suboficial indicó que el equipo se pone en marcha deslizando un imán sobre una ventana de la caja que contiene el dispositivo, lo que genera un sonido de confirmación. El procedimiento completo demanda unos seis minutos. Finalizada la verificación, la dotación del “Irízar” esperó llegar al punto geográfico establecido para llevar a cabo la liberación del artefacto en el Pasaje de Drake.

Sensores perfiladores

Una vez desplegado, el sensor comienza a sumergirse hasta los 2.000 metros de profundidad. Durante este ciclo, la boya recopila y registra variables esenciales como la temperatura y la salinidad del agua en las distintas capas. Estos datos son automáticamente retransmitidos a la base central a través del sistema satelital.

Luego de un ciclo de diez días, el artefacto vuelve a ascender y emerge en la superficie. A partir de allí, el sensor queda a la deriva. Su movimiento sigue el recorrido de las corrientes marinas, lo que permite la transmisión de información con una frecuencia determinada.

El sistema de observación oceánica a nivel global cuenta con un parque de aproximadamente 4.000 boyas que están diseminadas en los diferentes mares del planeta. La información que recogen estos instrumentos reviste gran importancia para la inicialización y el ajuste de los modelos de pronóstico meteorológico y oceanográfico a nivel mundial.

Un aspecto ambiental considerable de esta tecnología se relaciona con su durabilidad. Los sensores se mantienen operativos durante un plazo aproximado de cinco años, momento tras el cual se biodegradan. Posteriormente, son sustituidos por equipos nuevos.

El cruce del Pasaje de Drake

El Pasaje de Drake es conocido por sus condiciones desafiantes para la navegación. Esta porción de mar traza la división geográfica entre América del Sur y el continente Antártico. En esta área confluyen de manera puntual las aguas de los océanos Pacífico y Antártico. Se lo considera uno de los mares más australes del globo. Es la ruta más corta, aunque riesgosa, para alcanzar el continente blanco.

La travesía del rompehielos comenzó en un marco meteorológico de condiciones adversas para la unidad. El avance de un sistema de baja presión provocó la generación de vientos fuertes que soplaban desde el sector oeste-suroeste. Las ráfagas llegaron a registrar intensidades propias de un temporal.

Las condiciones del tiempo, sin embargo, experimentaron una mejora progresiva. La situación sinóptica se modificó hacia una zona de collado, un área que funciona como transición entre distintos sistemas de presiones atmosféricas. Esto redundó en una merma gradual de la intensidad del viento.

Si bien la jornada continuó mayormente nublada, la reducción tanto en la fuerza del viento como en el oleaje proporcionó una “ventana meteorológica”. Esta se tradujo en una condición de navegación ideal para el desempeño operativo del buque.