ARGENTINA.- Cada 24 de marzo, Argentina conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La fecha recuerda el golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976, que dio inicio a la dictadura más sangrienta de la historia argentina. A 50 años de aquel quiebre institucional, la sociedad vuelve a movilizarse bajo consignas que no han perdido vigencia: “Nunca más”, “30.000 desaparecidos”, “Juicio y castigo a los genocidas”.

En cada rincón del país, plazas, calles y organismos de derechos humanos se convierten en espacios de encuentro y resistencia.
La fecha no es un día más en el calendario: es una herida abierta que se transformó en bandera de lucha. Pero también es un recordatorio de lo que nunca más debe repetirse en nombre del Estado.
Ese día, las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón y establecieron una junta militar que se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional”.
El golpe tuvo respaldo de sectores del poder económico, gran parte de los medios de comunicación y organizaciones civiles que vieron en la vía militar una “solución” a la crisis social y política.
Lo que vino después fue un plan sistemático de terrorismo de Estado: secuestros, torturas, asesinatos, robo de bebés y desaparición forzada de personas. Se estima que 30.000 hombres, mujeres y niñes fueron desaparecidos por el aparato represivo.
A lo largo de esos siete años, se instalaron más de 300 centros clandestinos de detención en todo el país, donde la crueldad se convirtió en método.

El Nunca Más: un informe que cambió la historia
Cuando la democracia recuperó su curso, el 10 de diciembre de 1983 con la asunción de Raúl Alfonsín, una de las primeras medidas fue crear la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP).
Su trabajo de recopilación de testimonios y pruebas dio origen al informe Nunca Más, publicado en 1984, que documentó el horror y se convirtió en un documento ético fundamental para la sociedad argentina.
Ese informe no solo sirvió como prueba en el histórico Juicio a las Juntas de 1985, donde fueron condenados los máximos comandantes de la dictadura, sino que sentó las bases del consenso social más amplio: el terrorismo de Estado no puede volver a repetirse, bajo ninguna excusa.

Las políticas de memoria se institucionalizaron con la sanción de la Ley 26.085 en 2006, que declaró al 24 de marzo como feriado nacional e inamovible, con el objetivo de “promover la memoria colectiva sobre los procesos históricos que llevaron a la instauración de formas de violencia estatal”.
La memoria como política de EstadoA lo largo de las últimas décadas, Argentina desarrolló una política de memoria única en el mundo: los sitios que fueron centros clandestinos de detención se convirtieron en espacios de memoria, como la ESMA en Buenos Aires o el ex Regimiento de Infantería 8 en Comodoro.
Se impulsaron juicios orales por crímenes de lesa humanidad que llevaron a condenas de represores que gozaron de impunidad durante años gracias a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, anuladas en 2003; y se fortaleció el trabajo de organismos como Abuelas de Plaza de Mayo, que continúa recuperando la identidad de los niños y niñas apropiados durante la dictadura.
Esta construcción no fue un regalo ni un acto de generosidad institucional. Fue producto de décadas de lucha de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Hijos, organismos de derechos humanos, sindicatos, estudiantes y sobrevivientes que, con sus pañuelos blancos y sus marchas silenciosas, convirtieron el dolor en exigencia de justicia.

La vigencia del Nunca Más en el presente
A medio siglo del golpe, las consignas del 24 de marzo no son un ejercicio nostálgico. En los últimos años, sectores políticos y judiciales han intentado relativizar los crímenes de la dictadura, promover el “negacionismo” o liberar a genocidas condenados.
Por eso, la movilización popular adquiere un sentido defensivo: se trata de reafirmar que sin memoria no hay democracia plena, y que el “Nunca Más” es un compromiso ético que no se negocia.
El reclamo de justicia sigue abierto: hay causas en curso, genocidas que aún no fueron juzgados y víctimas que todavía esperan conocer el paradero de sus seres queridos. En este 2026, la conmemoración adquiere una potencia especial al cumplirse 50 años del golpe, y la sociedad vuelve a salir a las calles con la certeza de que la memoria es la única garantía de no repetición.
Marchas, actos y silencios que son palabras
En todo el país, las convocatorias se multiplican. Desde la histórica marcha en Plaza de Mayo en Buenos Aires, hasta las movilizaciones en ciudades como Comodoro Rivadavia, Rosario, Córdoba, Mar del Plata y cada localidad del interior.
Organizaciones sociales, gremios, universidades, agrupaciones políticas y vecinos se reúnen bajo el lema “Memoria, Verdad y Justicia”, con pañuelos blancos, pancartas que llevan los nombres de los 30.000 desaparecidos y la exigencia de que el Estado garantice verdad y justicia para todos los crímenes.
El 24 de marzo no es una fecha más. Es el día en que Argentina se detiene para mirar su historia más oscura, pero también para recordar que la lucha por la dignidad humana es colectiva, ininterrumpida y necesaria. Porque la memoria duele, pero el olvido, como enseñaron las víctimas y sus familiares, es la antesala de la repetición.
Fuente: adnsur.com.ar
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