El jueves la UCR de Tierra del Fuego hizo lo que mejor sabe hacer en los últimos años: montar una escenografía. Se habló de “renovación”, de “unidad”, de “autoridades electas”. Se sacaron las fotos de rigor, se repartieron los abrazos protocolares y se leyeron los discursos acartonados de siempre. Pero quien haya ido al comité esperando ver una asunción partidaria, se equivocó de función. Lo que hubo ahí adentro fue otra cosa, y conviene llamarla por su nombre: un encuentro swinger, con reglas laxas, parejas intercambiables y la consigna tácita de que acá todo vale mientras nadie pregunte de más.
Porque el comité radical se transformó, de hecho, en eso: un lugar donde las fidelidades son decorativas, las convicciones se dejan en la entrada junto con el saco, y cada quien entra con quien quiere, sale con quien le conviene y vuelve al día siguiente como si nada. No hay ideología, no hay programa, no hay pudor. Hay intercambio.
El regreso de Sciurano: del populismo K más rancio al viejo sillón radical, sin escalas
El verdadero protagonista del acto no eran las autoridades que asumían. Era Federico Sciurano. El mismo Sciurano que hace apenas un puñado de años encabezó la lista de Forja, es decir, que prestó su nombre, su cara y su historia política al experimento más extremo del populismo kirchnerista en la provincia. El mismo que ayudó a construir el relato que hoy tiene a Tierra del Fuego en el lugar en el que está.
Ese Sciurano volvió al comité de la calle donde supo sentirse dueño, y volvió a lanzar —sin decirlo con todas las letras, pero sin molestarse tampoco en ocultarlo— su candidatura a intendente de Ushuaia por la UCR. Otra vez. Como si los últimos años no hubieran existido. Como si la estructura partidaria que él mismo ayudó a enfrentar y desgastar fuera ahora un patrimonio al que puede volver a echar mano cuando le resulta útil.
Eso es, exactamente, la lógica swinger aplicada a la política: una relación abierta, sin exclusividad, sin reproches, donde uno puede irse con otro partido el fin de semana y volver el lunes a la cama conyugal como si nada. La historia se reescribe en tiempo real, los compañeros traicionados tienen que sonreír en la foto y los militantes de base —los que se bancaron la travesía del desierto— tienen que aplaudir al que ayer los insultaba desde el otro lado del mostrador.
Los delfines de Río Grande: la avanzada del próximo desembarco
Pero Sciurano no es ni siquiera lo más relevante de la trama. Sciurano es la distracción luminosa, el nombre grande que ocupa los titulares mientras, por debajo, se acomoda algo mucho más importante: la preparación del terreno para el próximo candidato a intendente de Río Grande por la UCR.
¿Cómo se prepara ese desembarco? Mandando de avanzada a los concejales riograndenses que responden a ese armado, los delfines —o usando el peyorativo más honesto: los operadores obedientes— que tienen la tarea de blindar la llegada del jefe. Ir ablandando el territorio. Ir colocando piezas. Ir despejando la mesa para que cuando el patrón llegue, el plato ya esté servido.
Y el patrón, claro, es Melella. El mismo Gustavo Melella que esta semana hizo algo genial desde el punto de vista comunicacional: recibió a Kicillof, coparon las cámaras, los canales nacionales, la agenda completa. Mientras todo el mundo miraba esa foto con el gobernador bonaerense, por la puerta de atrás del comité radical se estaba sellando otra cosa: el regreso formal de Melella a la estructura de la UCR, el mismo partido al que desprecia desde hace años, el mismo aparato que construyó su carrera y al que pateó cuando ya no le servía. Ahora lo necesita de nuevo, como salvoconducto para una gestión paupérrima que no resiste análisis, y el comité le abre las piernas. Swinger puro. Ayer enemigos, hoy amantes, mañana ya veremos.
Melella y la reforma: el viejo anhelo que nunca se cae del prontuario
Y por si todo esto fuera poco, en el mismo combo Melella vuelve a insistir con la reforma de la constitución provincial. Es el mismo Melella —no otro— el que empuja ese viejo anhelo que nunca se cae del prontuario, el que necesita reescribir las reglas del juego a la medida de su propia supervivencia política. La estrategia es transparente: conseguir, vía reforma, lo que la gestión no le da por mérito propio. Y para eso necesita al comité radical abierto, disponible, dócil. Necesita que le firmen el permiso.
Es decir: el comité, además de recibir al retornado Sciurano, tiene que preparar la cama para Melella y además bancarle la reforma. Entran todos. Nadie se va. Nadie rinde cuentas. Las reglas del lugar lo permiten.
Y el dueño del salón: Pablo Blanco, el inagotable
¿Y quién es el que está detrás de todo este armado, haciendo y deshaciendo parejas, distribuyendo llaves y cobrando entrada en la puerta? El mismo de siempre. El inagotable, el nefasto, el peor político de la historia de la provincia: Pablo Blanco.
Blanco es el que blanquea —el verbo no es casual— lo que desde este espacio venimos diciendo hace meses: su acuerdo con el actual gobernador. El hombre que fue rechazado por el 96,5% de la población en la última elección, el que no le ganó ni al aburrimiento, el que debería estar haciendo silencio sepulcral por respeto al electorado que lo mandó a su casa, sigue operando como si nada, moviendo fichas, repartiendo lugares, negociando cargos.
Y lo hace usando de títere a un supuesto presidente de partido que ni siquiera merece que se lo nombre, un pordiosero de la política que anda mendigando pequeños arreglos para acomodar gente en estructuras provinciales y municipales a cambio de sostener esa falsa fachada de oposición. Una oposición que no opone nada. Una oposición que negocia todo. Una oposición que entra al comité, cierra la puerta, y ahí adentro arregla con el oficialismo lo que en la vereda jura combatir.
Una pena, pero el reflejo exacto
Da pena lo que pasa en la UCR. Da pena por la historia del partido, por los radicales de verdad que todavía creen en algo, por los que militaron cuando militar costaba y no pagaba. Da pena porque alguna vez ese comité fue otra cosa.
Pero no hay que engañarse: lo que se vio el jueves es el fiel reflejo de quienes hoy detentan la condición de autoridades. No son un accidente ni una desviación. Son exactamente lo que el partido eligió ser. Y mientras sigan ahí adentro intercambiando parejas, repartiéndose cargos y reescribiendo la historia cada seis meses, el cartel en la puerta del comité debería cambiarse por uno más honesto.
Uno que diga, sin eufemismos: Bienvenidos al UCR club swinger, donde todos entran y salen pero nadie se hace cargo de nada.
Rio Grande: 10°
5° / 5° - Algo de nubes



