USHUAIA.- La historia institucional de Argentina en el extremo sur del planeta comenzó formalmente el 22 de febrero de 1904. En aquella jornada, la Argentina asumió la responsabilidad del observatorio meteorológico ubicado en la Isla Laurie, marcando el inicio de la ocupación humana estable más antigua de la que se tenga registro en todo el territorio antártico.
Lo que hoy conocemos como la Base Antártica Conjunta (BAC) Orcadas se asienta sobre el istmo de Ibarguren, en un punto estratégico entre las bahías Uruguay y Scotia. Este emplazamiento fue originalmente inaugurado por la expedición escocesa liderada por William Speirs Bruce en 1903, para luego ser cedido a las autoridades argentinas. A partir de ese traspaso, el pabellón nacional se ha mantenido izado sin pausas, desafiando las condiciones más extremas del globo.
Durante la primera mitad del siglo XX, el Estado nacional profundizó su despliegue mediante la instalación de refugios en diversas áreas, buscando ampliar el conocimiento de la geografía austral. Con el correr de las décadas, muchas de estas estructuras rudimentarias evolucionaron hasta convertirse en bases modernas, conformando el entramado de soberanía que conocemos en la actualidad.

Hoy en día, el despliegue nacional cuenta con más de 40 refugios y un total de 13 bases conjuntas. De este grupo, siete mantienen actividad durante todo el año, entre las que se encuentran Orcadas, Carlini, Petrel, Esperanza, Marambio, San Martín y Belgrano II. Las seis restantes, como Brown, Primavera o Decepción, funcionan únicamente bajo la modalidad estival debido a las dificultades del invierno polar.
El sostenimiento de estas dotaciones depende directamente de las campañas que la Armada Argentina encabeza cada verano desde hace más de un siglo. Estas misiones permiten el transporte de suministros y el relevo del personal, que debe operar en un entorno de alta complejidad glaciológica y meteorológica. Además, estas tareas garantizan el funcionamiento de las señales y balizas que brindan seguridad a la navegación de buques de diversas banderas que transitan la zona.

Desde 1959, la actividad en la región se encuadra bajo el Tratado Antártico, un acuerdo internacional que establece a la zona como un territorio de paz dedicado exclusivamente a la ciencia. Bajo esta normativa, está prohibido el ingreso de armamento y se prioriza la protección del ecosistema, principios que la política nacional busca fortalecer a través de la excelencia en la investigación y la prestación de servicios a otros programas extranjeros.
La estructura operativa depende de la Dirección Nacional del Antártico (DNA) y el Instituto Antártico Argentino, organismos encargados de planificar la actividad científica. Por su parte, el Comando Conjunto Antártico, integrado por las tres Fuerzas Armadas, resuelve el desafío logístico que implica habitar el continente. En este esquema participan instituciones de peso como el CONICET, universidades nacionales y la Administración de Parques Nacionales.

En materia de seguridad náutica, Argentina ejerce la responsabilidad de búsqueda y rescate (SAR) en un área extensa. Un avance reciente de gran importancia es la puesta en marcha, en febrero de 2025, del Centro Coordinador de Búsqueda y Rescate Marítimo (MSCC) “Petrel”, que mejora la capacidad de respuesta ante emergencias.
Asimismo, la cooperación con Chile se mantiene firme a través de la Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC). Este esfuerzo conjunto, que lleva casi treinta años de vigencia, realiza tareas de patrullaje, control de contaminación y salvamento entre los meses de noviembre y marzo, asegurando la navegación en los mares australes.

Actualmente, las tareas de abastecimiento continúan a pleno con el rompehielos ARA “Almirante Irízar” y los helicópteros Sea King, junto al aviso ARA “Puerto Argentino”, bajo la supervisión del Comando Conjunto. En paralelo, el aviso ARA “Bahía Agradable” se encuentra prestando funciones operativas en el marco de la patrulla binacional con el país trasandino.
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