USHUAIA. La política de Tierra del Fuego parece haber ingresado en una dimensión donde la lógica de los partidos se rinde ante la conveniencia de los cargos. El reciente episodio protagonizado por María Laura Fernández, cuya desaparición temporal desató una cacería de brujas mediática y política, terminó de dinamitar los puentes entre los dos sectores más fuertes de la provincia. Las palabras de Gustavo López, referente nacional de FORJA, apuntaron directamente al entorno de Walter Vuoto como responsable de un “armado gravísimo” para incriminar al gobernador Melella. Aquella acusación dejó una herida que un simple pedido de disculpas no parece capaz de sanar.
En este contexto de guerra abierta, el Partido Justicialista emitió un documento que busca recuperar la estatura moral al sentenciar que “con estas cosas no se juega”. El comunicado lleva la impronta exclusiva del intendente de Ushuaia y pretende mostrar a un peronismo unido.
Sin embargo, la movida dejó al desnudo una situación humillante para la propia Myriam Martínez. A pesar de ostentar formalmente la vicepresidencia del PJ, el presidente del partido emitió el texto sin siquiera consultarle ni avisarle, tratándola como a una figura decorativa y carente de peso real en la toma de decisiones.

Esta degradación política choca de frente con una realidad interna difícil de ocultar. La actual legisladora se desempeña hoy como una de las piezas más serviles del bloque FORJA en la cámara provincial, dejando de lado cualquier defensa de sus propios compañeros de partido ante los ataques del oficialismo provincial.
La incógnita sobre el rol de Martínez es total y cabe cuestionarse la lealtad de una dirigente que se vende al mejor postor mientras el PJ y FORJA se atacan sin piedad. Su figura encarna una versión devaluada del Justicialismo que roza lo obsceno al responder cual “soldado obediente” a los lineamientos de Gustavo Melella, el mismo mandatario al que su propio partido hoy cuestiona.
La historia reciente confirma este perfil de una peronista que nadie parece querer retener. Martínez supo ser una de las mujeres fuertes del movimiento, aunque tras su polémico paso legislativo marcado por el ajuste a jubilados y estatales fue descartada por la conducción de Vuoto. Lejos de defender sus ideales, la Legisladora soltó la estructura que compartía con Rosana Bertone para colgarse de la construcción política del gobernador y del radical Federico Sciurano, priorizando la permanencia en el poder y el mantenimiento de sus privilegios de caja por encima de cualquier convicción.
Esta “bipolaridad política” queda expuesta de manera brutal cuando se analiza el manejo de los recursos públicos. Mientras Martínez intenta disfrazarse de referente justicialista, su agrupación “27 de Octubre” se nutre de militantes a sueldo en el Ejecutivo provincial. A esto se suma el escándalo que hace unos años protagonizó con Terra Ignis, empresa estatal donde su esposo fue nombrado director sin experiencia previa. Resulta evidente que no se trata de un respaldo a los referentes del movimiento, sino de un uso descarnado del Estado para un proyecto personal y familiar.
El interrogante queda flotando en los pasillos de la Legislatura y en el seno de una militancia que observa con desprecio esta doble cara. Con un pie en cada lado de la grieta provincial, la legisladora estira los límites de la decencia política hasta romperlos. Mientras el comunicado de Vuoto habla de responsabilidad, la realidad muestra a Martínez como una pieza obediente de FORJA, más preocupada por el sostenimiento de sus cajas que por los principios peronistas que alguna vez juró representar.
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