RIO GRANDE.- El 14 de febrero se instaló hace décadas como la jornada por excelencia para el romance y las demostraciones de afecto en pareja. Sin embargo, existe una celebración paralela que ocurre apenas veinticuatro horas antes, el 13 de febrero, conocida popularmente como el Día Mundial del Infiel o el Día del Amante.
Esta fecha carece de un reconocimiento institucional o académico, pero su alcance en la cultura popular creció de manera sostenida durante la última década en diversos rincones del mundo. La efeméride funciona como una suerte de espejo de una conducta social que, si bien recibe cuestionamientos éticos constantes, atraviesa la vida cotidiana de gran parte de la población. Aunque se suele vincular la infidelidad con la falta de lealtad o la ruptura de acuerdos previos, hay visiones que intentan explicar este fenómeno bajo marcos específicos, incluso sugiriendo que estos vínculos externos pueden impactar de distintas formas en la unión principal.
El origen de esta jornada se sitúa en el año 2015, cuando fue impulsada bajo la denominación de “Mistress Day” en territorio estadounidense. El promotor de la movida fue el portal Ashley Madison, una red social pensada para personas casadas que buscan encuentros fuera del matrimonio y que tiene presencia en una gran cantidad de países.
La decisión de fijar el festejo un día antes de San Valentín no fue azarosa. Se basó en los datos de un relevamiento propio de la plataforma, donde se descubrió que el grueso de sus usuarios prefiere dedicarle tiempo a sus relaciones paralelas el 13 de febrero. Si bien un 30 por ciento admitió que desearía celebrar con su amante el mismo día de los enamorados, la logística y las convenciones sociales llevan a que la mayoría elija la víspera para concretar sus encuentros.
Desde una mirada técnica, la ruptura de la monogamia impacta directamente en la construcción emocional de la pareja oficial. El psicólogo Justin J. Lehmiller detalló en una publicación especializada algunos de los motivos que empujan a este comportamiento. Entre ellos aparece el enojo como un disparador frecuente, funcionando en ocasiones como un mecanismo de revancha ante una herida previa o un engaño anterior, especialmente en individuos que presentan cuadros de ansiedad o temor al desamparo.
Por otro lado, la búsqueda de placer sexual aparece como un factor de peso cuando no existe una correspondencia en la intimidad del hogar o ante la necesidad de mayor dinamismo en la cama. Este patrón suele detectarse más habitualmente en hombres o en vínculos que carecen de herramientas para gestionar sus disputas internas. A esto se le suman la erosión del afecto, el desinterés emocional y contextos externos que facilitan la situación, como el consumo de sustancias o la presión de los círculos sociales.
La percepción de uno mismo también influye en la decisión de buscar a un tercero, ya que para muchos significa una forma de validar su propio magnetismo o reafirmar su autonomía personal. Finalmente, el gusto por la experimentación y la variedad se presenta como una motivación central para quienes sostienen una postura más flexible frente a la sexualidad. De esta forma, el 13 de febrero se reafirma como una fecha que invita a observar las complejidades más profundas de la fidelidad humana.
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