TOLHUIN.- La brecha entre el marketing oficial y el estado de las calles en esta ciudad se vuelve cada vez más notoria para quienes transitan el acceso a la localidad. Sobre la avenida de los Selk’nam, se registra un bache de dimensiones considerables que ya lleva más de cinco meses sin una reparación definitiva, ubicado estratégicamente en el camino hacia la Panadería La Unión. No se trata de un bache en una calle periférica, sino de una rotura en una de las vías principales que utilizan a diario residentes y viajeros por igual.
Este deterioro en el pavimento no representa solamente un daño a la calzada, sino que evidencia una postergación en la agenda de mantenimiento urbano elemental. El tránsito se ve afectado constantemente por conductores que se ven obligados a realizar maniobras bruscas o frenadas repentinas para evitar roturas mecánicas en sus vehículos. A pesar de que los vecinos utilizaron las redes sociales como canal de denuncia en múltiples ocasiones, el obstáculo sigue dificultando la circulación sin que se vislumbre una cuadrilla de trabajo en la zona.
Desde el Municipio se hace hincapié en la difusión de proyectos de infraestructura de gran porte, como la construcción de cordones cuneta y nuevas veredas en distintos barrios. Sin embargo, estas intervenciones estructurales parecen avanzar a costa de descuidar el sostenimiento de lo que ya existe. La eficiencia de una administración pública se evalúa tanto por la obra nueva como por la capacidad de preservar el patrimonio urbano actual, algo que hoy se encuentra en un proceso de degradación visible en diversas arterias.
El panorama se vuelve más complejo cuando se observa la carencia de cartelería informativa y señalética vial en puntos de interés. Una ciudad que intenta fortalecer su marca como destino turístico nacional no puede permitirse el desorden visual ni el mal estado de su principal puerta de entrada comercial. El impacto estético y funcional de este descuido genera una imagen negativa que choca de frente con las metas de desarrollo planteadas en los discursos oficiales.
La problemática urbana excede los límites del asfalto y alcanza también la salud pública. Se estima que existen cerca de 3.000 perros sueltos en el ejido urbano, una cifra que demuestra que los programas de control actuales no logran mitigar la situación. El asunto ya escaló a la agenda del Gobierno Provincial debido a las consecuencias ambientales y sociales que generan los perros asilvestrados en la zona central de la isla y en Río Grande, profundizando un conflicto que afecta la convivencia diaria.
En un escenario de dificultades económicas, la actividad turística se presenta como un motor de ingresos genuinos para la comunidad. Sin embargo, esa visión estratégica se diluye cuando no se refleja en tareas de bacheo, ordenamiento y planificación básica del espacio común. La falta de acciones sostenidas pone en duda la efectividad de una gestión que parece priorizar lo visual por sobre lo operativo.
No hay reclamos de inversiones monumentales o fuera de escala por parte de la ciudadanía. La demanda se centra en conceptos mucho más terrenales como la constancia en el trabajo de calle, la fijación de prioridades lógicas y el cumplimiento de las responsabilidades municipales cotidianas. El crecimiento genuino de un destino no se consolida con folletería, sino con una ciudad que funcione correctamente para el que vive en ella y para el que la visita.
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