USHUAIA.- La situación actual en el Cerro del Medio no responde a un hecho aislado o a una toma repentina de tierras, sino que refleja un proceso de ocupación hormiga que se intensifica en periodos electorales.
Los registros indican que el crecimiento de estas instalaciones irregulares tuvo un pico hace pocos años, lo cual evidenció una combinación de falta de políticas de vivienda y la especulación de quienes ocupan predios para la venta sin residir en ellos.
El panorama actual se traduce en un impacto ambiental directo. La degradación del entorno incluye la tala de especies nativas y la contaminación de cursos de agua, además de propiciar la proliferación de jaurías peligrosas para todo aquel que transite por la zona.
Desde el ámbito científico, el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) ya había emitido un informe técnico en el que alertaba sobre el riesgo de asentar viviendas en este sector. Las condiciones del suelo, caracterizadas por una humedad extrema, tornan imposible cualquier proyecto de urbanización segura y establecen un paralelismo con tragedias geológicas ocurridas en Comodoro Rivadavia. A pesar de que las ordenanzas vigentes prohíben estrictamente el uso residencial de estos bosques comunales bajo jurisdicción municipal, la fiscalización estatal parece ignorar el conflicto.
En el terreno se observa una dinámica contradictoria por parte de los ocupantes, quienes mantienen un cuidado estético de ciertos ejemplares mientras avanzan con la tala rasa en otras áreas para consolidar sus posiciones.
Esta “línea verde” marcada por la vegetación es el límite donde hoy se asienta la irregularidad, justo frente al barrio Dos Banderas. En ese punto, la visibilidad de la ocupación es total y afecta directamente a un circuito histórico utilizado por turistas locales, nacionales e internacionales.
Un escenario propicio para la proliferación de perros salvajes
Uno de los mayores riesgos para quienes transitan la zona es la presencia de perros sumamente agresivos. La peligrosidad es tal que los senderistas suelen llevar elementos de defensa personal o armas blancas ante la posibilidad de un ataque, ya que si se camina con una criatura la situación puede pasar a mayores rápidamente.
Son los mismos habitantes de la zona quienes advierten a los visitantes sobre la hostilidad de los animales que custodian los perímetros usurpados.
La ausencia de control en el área lindera al Dos Banderas ha permitido que el sendero público quede prácticamente absorbido por las viviendas informales. Si bien el lugar conserva cierta higiene, la experiencia del caminante se ha visto degradada al punto de sentir que atraviesa el patio privado de una propiedad ilegal.
La falta de una respuesta institucional firme permite que este acceso histórico de Ushuaia se pierda entre alambrados y construcciones que desafían cualquier lógica de planeamiento urbano.
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