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DEPORTES  | 10.05.2018

Boca, campeón de punta a punta

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De punta a punta, sin soltar el lugar más alto de la tabla en todo el torneo y una fecha antes de que baje definitivamente la persiana del certamen, Boca Juniors sumó anoche una nueva estrella a su rutilante escudo. Tal como se preveía, la primera Superliga de la historia fue suya y también el bicampeonato, ya que venía de lograr el título en 2017. Dicho así suena a superioridad inapelable y manifiesta, aunque en cuanto se rasca un poco más allá de la superficie las cosas no son tan relucientes.

 

No se trata de ir contra la máxima que indica que el campeón siempre es el mejor. Con las cifras en la mano no hay debate posible. Fue el que sumó más puntos, el que marcó más goles y al que menos le convirtieron. Y sin embargo, salvo al principio de la temporada, su juego cautivó muy poco y ocuparon más tiempos las discusiones que los elogios en torno al equipo.

 

La temporada de Boca no puede analizarse como un todo, debe separarse en partes, y quizás ahí está la clave de esta aparente contradicción. Siguiendo la estela iniciada en los últimos partidos del torneo anterior, el fútbol del conjunto entrenado por los mellizos Barros Schelotto fue arrollador y brillante durante el primer tercio del campeonato. Con Fernando Gago al mando de la orquesta y Darío Benedetto haciendo gala de un poder de definición implacable, los xeneizes aprovecharon que eran el único equipo grande sin competencia internacional durante esos meses para encadenar una serie de victorias consecutivas que le permitieron sacar una ventaja que sería indescontable.

 

La lesión de Gago en un partido de la selección argentina truncó de golpe aquella marcha. Desapareció el fútbol bien jugado y la circulación de la pelota en mitad de cancha empezó a empastarse. Pocas semanas más tarde era Benedetto el que sufría una lesión semejante, y el equipo ya no pudo reponerse a este segundo golpe. Terminó el 2017 empujado por la inercia pero ya no despertaba el mismo entusiasmo y dejó de estar en el podio de los que mejor juego ofrecían.

 

De ahí en adelante comenzó una tarea de resistencia. El verano trajo el regreso de Carlos Tevez y la contratación de Bebelo Reynoso, Julio Buffarini y Emanuel Mas, pero ninguno logró sustituir a los hombres que se recuperaban en la enfermería. Boca fue gestionando su ventaja como pudo. Haciendo valer su jerarquía individual para ganar algunos partidos, con golpes de fortuna en otros, y hasta con algunas decisiones discutibles y favorables de los árbitros que exasperaron el ambiente. Fue el tiempo en el que se popularizaron el hashtag #AFABostera y el hit cantado en las tribunas con insulto al presidente Mauricio Macri incluido.

 

Boca acumulaba días en la punta pero su juego provocaba disgustos y discusiones. La derrota ante River en la Supercopa y los tropiezos en la Libertadores aumentaron el resquemor. Se pusieron en discusión desde la oportunidad de recuperar a un Tevez de pálidas actuaciones a los conocimientos tácticos de Guillermo y compañía. Bajaron de nivel jugadores clave como Pablo Pérez y los laterales Jara y Fabra, se lesionó Goltz, el arquero Rossi dio signos preocupantes de inseguridad y el sorprendente Godoy Cruz comenzó a recortar las distancias en la tabla.

 

Entonces surgieron las figuras de Wilmar Barrios y Cristian Pavón. El colombiano fue vital para aguantar el peso del mediocampo y reforzar el trabajo defensivo. El puntero cordobés, primero por la derecha y después sobre la banda izquierda, acabó por convirtirse en un referente inesperado. Sus piques, sus gambetas, sus remates de afuera del área, sus centros, aportaron la pimienta que el equipo era incapaz de producir a través del juego y la elaboración, y fueron el argumento sobre el que Boca sostuvo el último tramo en su camino al título.

 

Gago, Benedetto, Pavón, Barrios, un póker de ases para explicar una estrella con poco brillo futbolístico pero que vale tanto como cualquier otra y alivia la angustia de un final de temporada en el que todavía está en el aire la continuidad en la Copa Libertadores.

Fuente: argentina.as.com

 

Los números cantan. Boca es campeón y su gente festeja. Sobre su nivel de juego hoy no vale la pena discutir.

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